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¿Qué significa ser un «intelectual» en el siglo XXI?


En el siglo XXI término «intelectual» implica una determinada forma de pensar y comportarse, aunque «intelectual» no es realmente una palabra que venga acompañada de una definición.


Sabemos lo que es un «intelectual» cuando lo vemos -son las personas que pasan la mayor parte del tiempo discutiendo ideas, que siempre están leyendo algo y que pueden referirse a cualquier acontecimiento histórico así como al último fenómeno de la cultura pop-, pero definir realmente a uno es una cuestión mucho más compleja.

¿Qué entendemos por «intelectual»?

En el siglo XXI, el término «intelectual» se ha convertido en un epíteto. A menudo se utiliza para describir a personas a las que se acusa de pensar demasiado, o incluso de pensar demasiado bien. O se utiliza como una forma de descartar ciertas ideas o creencias, argumentando que esas ideas son tan complejas que sólo los académicos e intelectuales podrían entenderlas.

Pero, ¿Qué significa ser un «intelectual en el siglo XXI»? ¿Quiénes son los verdaderos intelectuales? ¿Y cómo podemos definirlos?

Históricamente, el término se ha utilizado de dos maneras diferentes: como sinónimo de «erudito» o «filósofo», y como designación política para aquellos que se consideraban pertenecientes a la clase dirigente. En el Siglo XXI, nuestra comprensión de lo que significa ser un intelectual ha cambiado por la tecnología, la globalización y los movimientos sociales.

La palabra viene del latín «intellectuālis», que significa «entendimiento». El primer uso de la palabra en inglés se remonta a 1586, aunque su popularidad no se estableció hasta más tarde.

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Con el tiempo, «intelectual» se asoció a la educación y la cultura, pero no siempre con connotaciones positivas. A menudo se utilizaba como insulto contra quienes se consideraban demasiado inteligentes o conocedores para su propio bien.

Hoy en día, seguimos utilizándolo como insulto contra cualquiera que parezca demasiado pretencioso, pero también hay muchos usos positivos del término que no tienen nada que ver con la educación o la cultura: ser un intelectual en el Siglo XXI significa ser muy leído, tener curiosidad por las ideas y otras culturas, ser capaz de pensar de forma crítica sobre los problemas y las cuestiones a las que se enfrenta la sociedad actual.

El término «intelectual» ha sufrido muchos cambios a lo largo de los años. Es difícil precisar lo que significa exactamente, y lo que debería significar.

¿Por qué necesitamos intelectuales?

En el siglo XIX, el término «intelectual» se utilizaba para describir a las personas que se creía que poseían una inteligencia superior, como los científicos y los filósofos. Hoy, sin embargo, tiene un significado mucho más amplio.

En su ensayo «Los intelectuales y la sociedad», el filósofo francés Jean-Paul Sartre definió al intelectual como alguien que utiliza su mente para comprender el mundo e influir en la sociedad a través de la escritura o la enseñanza. Un intelectual puede ser un científico, un artista, un abogado o un político; cualquiera que se dedique al pensamiento crítico sobre la sociedad puede ser considerado un intelectual.

En el siglo XXI término «intelectual» implica una determinada forma de pensar y comportarse, aunque «intelectual» no es realmente una palabra que venga acompañada de una definición.

¿Por qué necesitamos intelectuales? La respuesta está en la propia naturaleza de la conciencia humana. Como cada uno de nosotros tiene una perspectiva única de la vida, nuestras ideas sobre cómo deben hacerse las cosas difieren de las de los demás. Los intelectuales desempeñan un papel vital para ayudarnos a entender estas diferencias, fomentando la discusión y el debate sobre cuestiones importantes que afectan a nuestras vidas.

Los intelectuales también pueden desempeñar un papel importante en la crítica de las instituciones y los sistemas de poder existentes -incluidos los gobiernos y las empresas- cuestionando sus políticas y acciones a través de trabajos escritos o discursos públicos. Este tipo de crítica suele ser impopular entre quienes se benefician directamente de los sistemas actuales, pero es vital para la democracia porque nos ayuda a identificar las injusticias de la sociedad.

¿Quedan intelectuales «de verdad» en el mundo?

La respuesta corta es que sí. Pero la respuesta larga es más complicada que eso.

Hoy en día hay mucha gente que se autodenomina intelectual, pero no todos hacen algo útil con sus conocimientos o experiencia. La palabra se ha convertido en sinónimo de ser más inteligente que los demás, pero eso no convierte a alguien en un intelectual.

Que tengas un doctorado no significa que sepas utilizarlo eficazmente; que hayas leído todas las obras de Shakespeare no significa que sepas cómo resolver la pobreza mundial; y que puedas aprobar un examen SAT no significa que sepas cómo curar el cáncer (y viceversa).

El declive del intelectualismo se debe a dos causas principales. Por un lado, el auge de la tecnología de la información, por otro un cambio en la forma de concebir el conocimiento y la educación.

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Para empezar, los ordenadores han hecho posible que todo el mundo pueda acceder a grandes cantidades de información simplemente escribiendo unas pocas palabras en una barra de búsqueda o haciendo clic en un icono.

Esto ha hecho que sea más difícil para la gente distinguir entre lo que encuentran en línea y lo que encuentran en otros lugares, incluso en los libros y otras fuentes destinadas únicamente al consumo académico.

También ha facilitado más que nunca que cualquiera publique sus ideas en Internet sin que sean examinadas previamente por un editor o un proceso de revisión por pares, lo que crea un exceso de información de dudosa exactitud o relevancia.

¿Cómo se puede llegar a ser un intelectual?

El término se ha utilizado para describir a pensadores tan diversos como Aristóteles, Immanuel Kant y Karl Marx. Pero aunque los intelectuales pueden tener cualquier origen y cualquier opinión política, comparten una cosa: el interés por las ideas y por cómo pueden utilizarse para cambiar la sociedad a mejor.

¿Cómo se llega a ser intelectual? Es importante recordar que no todo el mundo tiene el mismo nivel de acceso a la educación o a la información; algunas personas pueden encontrarse aisladas del mundo en general debido a limitaciones financieras o a su ubicación geográfica. Pero hay otras formas de educarse y ampliar la mente: por ejemplo, leyendo libros o asistiendo a conferencias.

Un intelectual es alguien que se compromete con las ideas y enseña a otros sobre ellas. Un intelectual puede ser un filósofo que pasa su tiempo pensando en cómo debemos vivir nuestras vidas y cómo debemos tratarnos como seres humanos. O puede ser un autor que escribe sobre historia, política o religión para dar sentido al mundo que le rodea.

Aquí tienes algunos consejos para convertirte en un intelectual:

Lee mucho: Lee libros sobre temas que te interesen, así como aquellos que desafíen tus puntos de vista sobre el mundo que te rodea. La lectura de libros de distintos géneros ampliará tu mente y te expondrá a nuevas ideas que de otro modo no se te habrían ocurrido. También puedes leer periódicos o revistas para enterarte de la actualidad

Ser un intelectual es algo más que tener un alto coeficiente intelectual.

Ser un intelectual no consiste sólo en tener un alto coeficiente intelectual o saber muchos datos. Se trata de utilizar la mente para explorar nuevas ideas y puntos de vista, hacer preguntas importantes, analizar pruebas y argumentos desde múltiples puntos de vista, pensar de forma crítica sobre lo que leemos o escuchamos de otros, desafiarnos a pensar en las cosas de forma nueva, aprender a expresar nuestros pensamientos con claridad por escrito o al hablar: todas estas son actividades que requieren un esfuerzo significativo por parte de un intelectual.

Ser un intelectual puede ser difícil porque no hay pautas claras para hacerlo bien. De hecho, hay muchas personas que se llaman a sí mismas «intelectuales» pero que no merecen en absoluto esta etiqueta: personas que utilizan su intelecto principalmente como una forma de mostrar su propia inteligencia o su ego en lugar de explorar nuevas ideas.

La conclusión es la siguiente: un «intelectual» es, por naturaleza, una identidad en constante evolución que cambia con la sociedad, la historia y la tecnología. Lo que la gente considera el intelectual arquetípico será muy diferente de los intelectuales de épocas pasadas. ¿Sigue teniendo valor ser un intelectual? Lo tiene, porque siempre lo ha tenido. Quizá sea el momento de reconsiderar y redefinir lo que consideramos un «intelectual» y lo que significa tener esa etiqueta. Espero que esto inspire algún debate.

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